La evolución del plátano, no siempre ha sido como lo conocemos ahora

Escrito por Lamarca España
Aunque nos parezca extraño, hay muchos alimentos que no se han mantenido siempre iguales con el paso de los años. Las variaciones en la forma, el sabor e incluso el color han formado parte de la evolución de muchas frutas y verduras que, a partir de sucesivas mutaciones genéticas, han encontrado la apariencia con las que las conocemos hoy día. Uno de los ejemplos de estos cambios tiene como protagonista al plátano, una fruta que tiene su origen en el sudeste asiático y que, dentro del territorio nacional, encontró en las Islas Canarias el clima perfecto para desarrollarse.
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El origen del plátano, como el de casi cualquier otro cultivo, suscita la aparición de diferentes teorías. En multitud de ocasiones se ha situado su origen en América Central, aunque según los expertos todo indica a que tuvo lugar en el Sudeste Asiático, concretamente en la India, aunque otros lo sitúan en Papúa Nueva Guinea. Sea como fuere, esta fruta se dio a conocer en las tierras bañadas por el Mediterráneo a raíz de la conquista de los musulmanes allá por el año 600 d.C.
Una de las características más llamativas del plátano comercializado actualmente es que no tiene semillas, algo que puede llegar a provocar incluso su desaparición, ya que el rumbo natural de cualquier fruta es su reproducción a través de las semillas que desprende. Sin embargo, esto no ha sido así siempre, ya que el plátano primitivo sí contenía semillas en su interior, lo cual dificultaba su consumo, pero debido a un accidente genético producido en la naturaleza surgió el plátano comestible que disfrutamos hoy día.
La especie de plátanos comestibles comercializada en todo el mundo pertenece a la modalidad “Cavendish”, una variedad estéril (por la falta de semillas) y que se reproduce a partir de la clonación utilizando técnicas de cultivo modernas.
Por tanto, la totalidad de los plátanos que se reproducen actualmente tienen prácticamente la misma carga genética, es decir, son idénticos, clones de un mismo plátano.
Teniendo en cuenta que el 99% de las bananas vendidas en todo el planeta pertenecen a esta variedad, dando lugar a un monocultivo mundial, tiene como consecuencia que sean muy débiles y vulnerables frente a las enfermedades.
Esto es algo que ya ocurrió en el pasado, hace menos de un siglo, cuando se introdujo el Cavendish en los mercados a partir de los años sesenta. Hasta ese momento, el plátano que monopolizaba las producciones era el “Gros Michel”, un plátano más dulce que, debido a la enfermedad de Panamá, un hongo que marchitaba los bananeros, acabó con casi la totalidad de la producción mundial en apenas una década. El plátano Cavendish era más resistente que el hongo de la enfermedad de Panamá, por lo que consiguió sobrevivir, aunque eso no quiere decir que esté a salvo a día de hoy.
Nuevas enfermedades
Aunque en los años sesenta los Cavendish lograran imponerse frente a la enfermedad de Panamá, también tienen sus debilidades. En los últimos años han surgido enfermedades que sí han conseguido atacar a la planta de esa variedad de plátanos, como es la Sigatoka Negra, un hongo que ataca directamente a las hojas, las cuales se ennegrecen a causa de la muerte de sus células. Esto afecta a su fotosíntesis, teniendo como consecuencia una reducción de la cantidad y la calidad de la producción que puede llegar a reducirla hasta en un 50%.
Otra de las amenazas del Cavendish es la Tropical Race 4, una variedad de la enfermedad de Panamá que sí afecta a este tipo de bananas. Fue identificada por primera vez a principios de los noventa en Taiwán, Indonesia y Malasia, y, desde entonces, se ha expandido hasta países del Sudeste Asiático y de Oriente Medio. Si la Tropical Race 4 consigue alcanzar regiones de América Latina o del Caribe, la industria del plátano a nivel mundial podría estar en graves problemas.
La solución pasaría por aumentar la variedad de plátanos que se cultivan con fines comerciales. Existen más de mil especies diferentes de bananas salvajes que, aunque no presentan las mismas características agronómicas que la Cavendish (tales como la ausencia de semillas), sí que podrían sustituirla con especies que no han sido explotadas todavía. En definitiva, los especialistas se decantan por un aumento de la variedad genética en los plátanos para garantizar su existencia.
En España, el Plátano de Canarias es el único plátano que ha conseguido el reconocimiento europeo IGP, es decir, el de Indicación Geográfica Protegida. De esta forma, solamente los operadores registrados están autorizados a su comercialización. Las características propias del clima canario, con temperaturas suaves y precipitaciones poco abundantes, han permitido la producción de este producto potenciando su calidad. Además, el 80% de las explotaciones plataneras son de pequeño tamaño, siendo en estos casos de extensión inferior a una hectárea.
Para asegurarnos de que un plátano cuenta con la denominación de Plátano de Canarias, debemos fijarnos en su exclusivo etiquetado que, además, es un requisito necesario para poder comercializarlo. Por otro lado, de su producción se encarga el Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria del Gobierno de Canarias, que controla y verifica el funcionamiento de la IGP para garantizar la calidad de cara a los consumidores.
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