El tomate, la patata y el cacao: la tríada de productos que forman parte de la dieta europea gracias a los españoles

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Escrito por Lamarca España

En España

A pocos días de que se conmemore el Descubrimiento de América, no está de más recordar este acontecimiento como uno de los que mayor impacto ha causado en la historia de la humanidad. En esencia, por lo que significó a nivel cultural, pero también por la influencia que tuvo sobre la base de la alimentación española y europea. Y es que este hito transformó la gastronomía del Viejo Continente, al que llegaron productos que hasta la fecha eran totalmente desconocidos, pero que comenzaron a formar parte de las despensas y paulatinamente se integraron en la dieta de gran parte de la población.

A día de hoy estos alimentos son más comunes de lo que pensamos, pero por aquel entonces no tuvieron mucha aceptación e incluso algunos de ellos se utilizaron como motivo ornamental. Hablamos de los tomates, las patatas y el cacao.

América y los alimentos exóticos

En el Nuevo Mundo había una cultura gastronómica bastante variada y basada en gran medida en productos locales, como el chile, y una extensa variedad de frutas y vegetales, así como técnicas a la hora de preparar asados y guisos inimaginables para los europeos. Lógicamente, el descubrimiento del continente supuso el inicio de un intercambio cultural, pero también gastronómico, el cual contribuyó a enriquecer ambas dietas a uno y otro lado del Atlántico, ya que nuevos productos procedentes de la Península Ibérica, como los cereales, el aceite y el azúcar, hicieron su correspondiente desembarco en América.

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Patatas

Su origen es muy remoto, hace unos 8.000 años cuando los autóctonos de las zonas andinas la cultivaban regularmente. Por su perdurabilidad, este tubérculo se consideraba base de la alimentación de los campesinos, de ahí que estuviera libre de impuestos, hasta el punto de convertirse en un remedio contra el hambre entre los pueblos ubicados en la actual Perú, Bolivia y Chile.

La patata cautivó la atención de los primeros europeos, entre ellos la de los soldados que acompañaban al explorador español Gonzalo Jiménez de Quesada. No obstante, el conquistador Pedro Cieza de León se aseguró de llevar consigo en una pequeña nao varias toneladas de este producto de vuelta a España. A su llegada a España, la patata fue considerada un alimento “inútil”, por lo que los españoles solo la usaron como remedio para paliar el hambre y en gran parte de Europa como una planta ornamental.

La patata que trajeron los navegantes españoles formaba parte de una de las casi cien variedades existentes, pero era igualmente rica en propiedades, como la vitamina C, potasio, fósforo, hierro, calcio y magnesio, además de su efecto saciante y un contenido en agua de más del 80%.

Sin duda, España aportó a la civilización europea un alimento revolucionario que también dio paso a un importante avance agrícola. Y es que la patata es un alimento muy barato, que se adapta a la perfección a terrenos de cultivo austeros, y que contiene tres cuartas partes de agua y bajo contenido en grasa.

Tomates

El tomate es un alimento presente en todo el mundo, pero es originario de los bajos Andes y lo cultivaron los aztecas hasta que, junto con el maíz y la patata, fue introducido en España a comienzos del XVI, entrando primero por Sevilla.

Sin embargo, al principio, como ocurriera con la patata, se utilizó como planta ornamental, ya que se pensaba que era venenoso.

Aunque cueste asimilarlo, el tomate es un tipo de fruta, al cual los aztecas denominaban tomatl (fruta hinchada).

A la llegada de los españoles, estos la distribuyeron por sus colonias en el Caribe después de la conquista de América y la llevaron a Filipinas, por donde comenzaron a extender su consumo en el continente asiático. De hecho, se cree que fue Hernán Cortés el primero en transferir el tomate pequeño amarillo a Europa tras su paso por Tenochtitlán.

En la actualidad, los tomates son muy utilizados en la cocina, ya que son nutritivos y contienen grandes cantidades de vitamina C y folato. Además, es la fuente alimentaria más importante de un pigmento rojo llamado licopeno, que tiene propiedades antioxidantes y puede ser anticancerígeno.

A día de hoy está en la base de toda dieta y es uno de los elementos principales de las ensaladas, aunque se consume más en salsa de tomate frito o como sofrito para los guisos de otros platos principales.

Cacao

El 3 de abril de 1502, Cristóbal Colón realizaba su cuarto viaje al Nuevo Mundo. En mitad de una tormenta, el navegante y su tripulación interceptaron una embarcación maya que llevaba como carga unas almendras a las que no prestaron importancia, pero sin saberlo habían tenido el primer contacto con las semillas del árbol del cacao.

Este se origina en la cuenca del Amazonas y llega hasta América central transportado por los indígenas. Desde allí fue pasando de mano en mano hasta olmecas y aztecas. Una vez instalados los españoles en el Nuevo Mundo, se produce un intercambio cultural y alimentario. Aquí destaca la figura del monje cisterciense Fray Jerónimo de Aguilar, que viajaba con Hernán Cortés. Fue él quien trajo a su regreso a España las primeras semillas de cacao y la receta para elaborar el chocolate. El cacao llegó al Monasterio de Piedra (Zaragoza) y se convirtió en un producto que encontró acomodo entre los religiosos españoles. Al principio fue una bebida española y portuguesa, ya que estos países tenían colonias en zonas productoras, pero poco a poco su consumo se fue extendiendo, primero por España y luego por Europa. 

En comparación con la patata y el tomate, este alimento se aceptó inmediatamente. El cacao puro es considerado un gran alimento porque contienen más de medio centenar de nutrientes y componentes bioactivos, así como propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que aportan beneficios al sistema cardiovascular. 

Fomentando la riqueza gastronómica en Europa

La llegada de los españoles a América, más allá de las cuestiones políticas y culturales, propició un intercambio de productos y alimentos exóticos que se fueron introduciendo de manera paulatina en la dieta de españoles y europeos. Este trampolín gastronómico significó no solo el incremento de la variedad alimentaria hasta entonces concebida en el Viejo Continente, sino también el aporte de nuevos nutrientes y propiedades que contribuyeron a la salud de la población europea.

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